domingo, 22 de agosto de 2010

DENDROFILIA

Me senté a ver el cuerpo agonizante que se encontraba descuartizado y apilado en el jardín de la casa donde vivía con mi abuela materna, la cual estaba complacida por el trabajo del buen verdugo que derribo a ese fuerte e intimidante ejemplar árbol de mango, yo en cambio estaba aterrada. El me inspiraba admiración, por su fortaleza e imponencia y ni siquiera se si los árboles tienen sexo pero creo que fue la única virilidad que me a atrajo por estos días, además era un ejemplo de vida el echo de que hubiera extendido sus raíces y levantado el asfalto para encontrar los nutriente que le permitieran crecer hasta semejante altur,a era muestra de su esfuerzo, tenacidad y la sabia paciencia


Recuerdo cuando llegue a esta casa, el parecía feliz de que yo estuviera a qui, recibiéndome en la entrada esbozando entre el follaje una gran sonrisa, aunque decir esto puede ser contraproducente, teniendo en cuenta que si mi psiquiatra se encuentra entre los lectores, la semana entrante me adelantan la  prueba toxicológica

El caso es que con el paso de los días el árbol y yo nos hicimos grandes amigos, sostenía un extremo de mi hamaca ofreciéndome sombra y frescura en mis horas de lectura, que en realidad no son tantas como debería.

Mientras lo derribaban me imaginaba atada a el con unas cadenas como en una protesta hippie o de grean peace cantando una tonada revolucionaria a todo pulmón, “no, no, no nos moverán, unidos en la lucha no nos moverán” pero con entorpecer el trabajo del cortador no hubiera logrado nada, después de todo no podía ignorar el daño que le había echo mi amigo a la cañería y a toda la infraestructura de la casa, pues lo cierto es que nuestros diseños de vivienda cementados, grises y elaborados que pretendemos copiar de las metrópolis mundiales, son incapaces de convivir con la naturaleza de nuestra hermosa selva sur americana, nuestro concepto de progreso no mide la consecuencias en las otras especies terrestres, nos creemos dueños del mundo siendo relativamente nuevos en este habitad comparados con otras especies como los cocodrilos o tortugas.
 sin embargo toda esa reflexión la reduzco a meros chillidos quejumbrosos sin intentar absolutamente nada para cambiarlo, cuando me imagino como seria mi vida sin las comodidades que el entorno citadino me ofrece, las comodidades tienen ese efecto adictivo que me impide pensar en las consecuencias a largo plazo con tal de satisfaces necesidades inmediatas, es entonces cuando evito pensar que probablemente en unos años cuando mi epitafio este por escribirse, los deliciosos sabores de las frutas tropicales estarán extintos, incluyendo al mango que aunque es de origen asiático fue introducido por los portugueses a fines del siglo XVIII en el Brasil.

En un intento por justificar mi negligencia utilizare un concepto eclesiástico:

De la misma manera en que Jesús “dio” su sangre para borrar nuestros pecados, mi amigo el árbol como todo un mártir “dio” su vida para que mi abuela y yo tuviéramos rápidamente a nuestra disposición el agua necesaria para vivir, pero sobre todo un lugar privado, limpio, cómodo y funcional donde depositar nuestras heces.

1 comentario:

  1. A eso se ha reducido todo el gigantesco proyecto humanista de la modernidad: a estar más cómodos.

    Saluds.

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